
(CAPA Y ESPADA)
Si en el cine italiano de los años 50-60 el género popular por excelencia era el peplum, en el francés eran las intrigas de «capa y espada», término que engloba a todas aquellas historias situadas cronológicamente entre el final de la Edad Media y 1789 y cuyo protagonista es una versión puesta al día del caballero andante, siempre dispuesto a defender la justicia y la verdad con su valor, inteligencia y, sobre todo, dominio del arma blanca. La inspiración principal provenía de la fama inmarchitable de los romans feuilleton de Alexandre Dumas, Michel Zévaco o Paul Féval, que tenían como héroes a espadachines tan emblemáticos como D’Artagnan y los Mosqueteros, Pardaillan o Lagardère, y que desde el momento de su primera edición habían encendido la imaginación de lectores de todas las edades. La estrella indiscutible de estas películas era Jean Marais, apuesto galán de la escena y la pantalla que, pese a andar ya por la cuarentena en la época que nos ocupa, todavía tenía la forma física suficiente para dar una extraordinaria credibilidad a personajes que venían directamente de la literatura (el Neuville de El milagro de los lobos o el Capestang de El capitán) o habían sido creados para la pantalla a partir de referencias históricas (El intrépido La Tour).
La serie que presentamos incluye dos versiones del clásico Los Tres Mosqueteros: la más antigua, que en España se tituló Vuelven los mosqueteros para evitar confusiones con la película de la Metro-Goldwyn-Mayer con Gene Kelly, tiene como curiosidad el protagonismo que se da al escudero Planchet a causa de estar interpretado por el popularísimo cómico Bourvil, que después formará pareja con Marais en El jorobado y El capitán; otro aliciente es que se han restaurado los colores originales: el Gevacolor fue uno de los procedimientos cromáticos más inestables de los años cincuenta. La otra versión de la novela de Dumas, en dos jornadas, es una de las más fieles y al mismo tiempo más espectaculares, rodada mayoritariamente en bellísimos escenarios naturales del patrimonio arquitectónico francés; su protagonista es Gérard Barray, que a partir de este film se convirtió en algo así como el «relevo» de Marais, dada su soltura ante las cámaras y su habilidad para las escenas de acción.
Los galantes caballeros encarnados por Marais y Barray (y Georges Marchal, el D’Artagnan de la versión de 1953 y presencia habitual del cine de aventuras históricas) tenían siempre alguna honesta dama que defender (Rosanna Schiaffino, Elsa Martinelli o Cathia Caro) pero a veces eran víctimas de peligrosas aventureras como Milady de Winter (Yvonne Sanson, Mylène Demongeot). Los repartos de estas películas se completan con primeros actores europeos como Jean-Louis Barrault, Roger Hanin, Arnoldo Foà, Gino Cervi y el ya citado Bourvil, pero sin olvidar al entrañable secundario —y carismático villano— Guy Delorme. Por otra parte, nuestra serie es también un homenaje a André Hunebelle, uno de los realizadores más emblemáticos del cine popular francés, experto en capa y espada pero que en sus últimos años tocó con idéntica fortuna otros géneros, por ejemplo el de espías seudo-Bond en la serie dedicada al agente OSS 117.
RAFAEL DE ESPAÑA |